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San Cayetano
miércoles, 23 de noviembre de 2011
MLCM: El CONCEPTO DE INCLUSION Y LA TEORÍA DEL DERRAME
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jueves, 17 de noviembre de 2011
MLCM: PENSARSE Y SENTIRSE MILITNATE
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viernes, 11 de noviembre de 2011
MLCM: 11 de Noviembre de 1951
MLCM: 11 de Noviembre de 1951: Triunfa Perón-Quijano por el 62% de los votos sobre Balbín-Frondizi. Primer voto femenino. Evita vota desde su lecho de enferma.
martes, 8 de noviembre de 2011
MLCM: MLCM :EN EL SEXTO ANIVERSARIO DEL NO, AL ALCA , Ma...
MLCM: MLCM :EN EL SEXTO ANIVERSARIO DEL NO, AL ALCA , Ma...: Hace seis años en Mar del Plata, y en el marco de la IV Cumbre de las Américas, Kirchner advirtió que a la región "no nos servirá cualqu...
lunes, 7 de noviembre de 2011
La Iglesia y el peronismo Por el Padre Carlos Mugica 1973
En momentos en que el pueblo argentino se prepara a vivir lleno de gozo el acontecimiento histórico del regreso definitivo del general Juan Domingo Perón a la Patria es importante advertir la actitud de numerosos católicos que, insertados en la lucha por la liberación nacional se unen a esta gran alegría.
Si históricamente hubo algún desentendimiento entre la Iglesia y el peronismo, desentendimiento que en realidad abarcó solamente a sectores de ambos lados, éste se debió, más allá de los errores fruto de actitudes personales, a incomprensión por parte de hombres de la iglesia del sentido profundamente liberador del movimiento popular. Se debió a que algunos de nosotros en lugar de analizar la realidad desde el pueblo, desde los pobres como lo manda Jesús en el evangelio, infectados por una mentalidad elitista lo veíamos todo desde una óptica oligárquica. Y claro que para la oligarquía el peronismo era el desastre, la hora de los «negros».
Pero para los hoy mis queridos cabecitas el peronismo fue, es y será, si continúa fiel a sus esencias y desarrolla su entraña revolucionaria, el movimiento de redención social más formidable que ha conocido nuestra Patria.
Cristo nos enseña en el evangelio que el modo no ilusorio, no engañoso de estar cerca de El, es estar junto a los hombres. Amar a Cristo es amar a los hombres. Por eso San Juan de la Cruz dice que al atardecer de la vida seremos juzgados en el amor. Cristo en el evangelio se identifica sin más con el prójimo, con el otro y por eso hace depender la suerte eterna del hombre del amor real, concreto y eficaz que haya tenido con su hermano. “Vengan conmigo benditos de mi padre porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron... Apártense de mí, malditos, porque tuve hambre y no mecieron de comer tuve sed, no mecieron de beber, estuve desnudo y no me vistieron” (Mateo 25, 30‑46).
Hoy los cristianos hemos comprendido que esta exigencia del amor no sólo tiene una dimensión personal sino también una dimensión estructural. Tengo que amar no sólo a nivel de individuos sino a nivel de pueblos. Y fue a nivel de pueblo que él peronismo a través de su paso por el gobierno realizó el mandato evangélico del amor real y verdadero a los humildes. Basten pocos ejemplos: 900.000 viviendas, leyes sociales que levantaron a los humildes de su situación de explotación inhumana y posibilitaron que el pueblo trabajador se fuera poniendo de pie. La gigantesca obra social realizada por la Fundación Eva Perón bajo la sobrehumana conducción de la inolvidable Evita, etc., etc.
Por eso es importante que hoy los cristianos, después de lavarnos la cabeza de tanta influencia laicista y liberal nos integremos en este proceso histórico que se ha iniciado en la Patria el 25 de mayo, no para traer agua para nuestro molino pretendiendo servirnos de algún trozo del poder para nuestras obras, sino haciéndonos pueblo, luchando con austeridad, honestidad y grandeza junto a los humildes por la liberación nacional. Es decir, asumir el ejemplo de Cristo que no vino a ser servido sino a servir y dar la vida por sus hermanos.
Ya es inminente la llegada del jefe del movimiento del pueblo. En esta hora histórica vale la pena recordar a través de sus palabras, que a veces los católicos hemos olvidado la definición que él nos ha dejado de la naturaleza del justicialismo en su mensaje al Congreso de 1952:
«A lo largo de este mensaje he analizado las realizaciones más concretas de mi Gobierno en materia social. Y movido tal vez por un afán de mostrar resultados evidentes, he insistido demasiado en las realizaciones materiales. Debo advertir que esto no significa que, en la escala de valores de nuestra doctrina, los bienes materiales tengan prioridad sobre los demás valores del hombre y la sociedad. De ser así nos pondríamos a la misma altura de los sistemas que han creado la caótica situación del mundo en que vivimos.»
«En nuestra doctrina los valores económicos son solamente medio y no fin de la tarea humana, la cual, para quienes aceptamos y reconocemos en el hombre valores externos y espirituales, entraña un destino superior. Los bienes económicos son tan sólo la base material de la felicidad humana, así como el cuerpo es instrumento de la actividad del alma.»
«Nosotros procuramos la elevación moral de nuestro pueblo virtuoso e idealista y el desarrollo en su seno de una vigorosa vida espiritual. Sabemos demasiado bien por la experiencia de los años pasados bajo la explotación capitalista, que todo eso es muy difícil cuando la vida de la comunidad no se desenvuelve en un ambiente de cierto bienestar material. Pero sabemos también que el bienestar material de las naciones ha sido muchas veces en la historia la causa de grandes desgracias, de fatales decadencias. Porque cuando un pueblo se propone asumir en la historia un destino superior tiene que poseer profundas reservas espirituales, si no quiere causar a la humanidad más desgracias que beneficios.»
«Creo que el pueblo argentino tiene un destino extraordinario que realizar en la historia de la humanidad y ésta será mejor o peor en la medida en que nuestro pueblo sepa cumplir con su deber histórico.»
«Pero el éxito dependerá de las fuerzas espirituales que posee nuestro pueblo al enfrentarse con su propio destino.»
«Me permito hacer en este momento un llamamiento a todos los que, de una y otra manera, tienen sobre sí alguna responsabilidad en la formación moral y espiritual de nuestro pueblo. Nosotros hemos creado todas las condiciones materiales necesarias para que un pueblo satisfecho pueda pensar en las tareas y actividades superiores del espíritu, y las hemos favorecido y fomentado en todos los grados de su escala.»
«Es necesario que cumplan ahora con su deber los responsables directos de la educación y de la formación moral y espiritual de nuestro pueblo, pensando que sobre ellos descansa también, el mayor o menor grado, la felicidad del mundo venidero.»
«Semejantes tareas, sin sentido para los que no ven en todo nada más que el resultado de fuerzas económicas y materiales, tienen fundamental importancia para nosotros, para quienes seguimos eternos del hombre y de la humanidad.» creyendo en los destinos
CARLOS MUGICA : TEMOR A LA VERDAD
Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de la verdad, y a la lucha con todas nuestras fuerzas contra la injusticia, aunque esto traiga, como consecuencia, la cárcel, las torturas, el secuestro y eventualmente la muerte. Frente a esta dura exigencia que existe desde los comienzos de la vida de la Iglesia, la vigorosa palabra de Cristo es nuestro constante aliento: "No teman a los que pueden matar el cuerpo. Teman, más bien, al que puede matar el cuerpo y el alma, y arrojarlos en la gehena (Mateo 10,28). Temamos a esta nueva gehenna que es esta sociedad de consumo; aunque sea de consumo para unos pocos y de hambre para muchos. Esta sociedad para cerrarnos, indiferentes a la terrible violencia que ella encierra. Temamos a esta sociedad que mientras sumerge al pueblo en el hambre y la opresión, propone a una minoría elegida el hedonismo y el erotismo como claves de la felicidad, olvidando una vez más a Jesucristo, quien nos advierte: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Vivimos en un evidente estado de violencia institucionalizada, solamente no perceptible para algún funcionario con mentalidad proscriptiva, e insensible al dolor del pueblo argentino.
¿No es violencia institucionalizada, acaso, la que sufre el obrero que apenas reúne 40.000 pesos mensuales, al tener que pagar el precio de la leche, la carne o el azúcar? ¡No es violencia institucionalizada el aumento cada vez más alarmante de mortalidad infantil, demostrada en las últimas estadísticas oficiales? Este aumento se explica, entre otras razones, porque muchos trabajadores están imposibilitados de pagar los medicamentos indispensables para la vida de sus hijos. Si alguien duda de esta afirmación, que baje a una de las numerosas Villas Miseria, higiénicamente bautizadas Villas de Emergencia, que representan el subconsciente de Buenos Aires. Ellas son la más contundente expresión de la violencia institucionalizada que padece el pueblo, al tener conciencia de que ahí, en la ciudad, hay más de cien mil departamentos vacíos.
La Comisión Permanente del Episcopado Argentino señaló ya el año pasado, la situación dramática de la clase obrera argentina; la creciente proletarización de la clase media; la claudicación de gran parte de los hombres de la Justicia, que hacen caso omiso a las fundadas denuncias de torturas y atropellos que sufren los argentinos. Monseñor Zaspe, arzobispo de Santa Fe, conocido por su serena prudencia en su reciente pastoral Conciencia política y Evangelio caracteriza así la situación que vivimos: “Los resultados de seis años de Revolución Argentina son completamente negativos”. Refiriéndose a los Gobiernos que se han ido sucediendo, califica como hechos muy graves la suspensión de das garantías a constitucionales, el estado de sitio, la extensión de la legislación represiva y la pena de muerte. Y añade "Sin embargo no hubo transformación revolucionaria. Solamente cambios en la conducción, realización de infraestructura, promoción del juego, innumerables planes económicos con los resultados conocidos, carestía de la vida, cierre de fuentes de trabajo inflación, fuga de divisas y capitales, éxodo rural, tambaleo del orden económico Los recientes acontecimientos de Mendoza, San Juan y Tucumán ensombrecen aún más el panorama.
Ahora bien, seamos honestos, ¿esto configura o no un estado de violencia institucionalizada? ¿Cómo no explicarse, entonces es, que surja como consecuencia inevitable, la respuesta violenta que puede llevarnos, si las causas que la engendran no son removidas a un baño de sangre entre argentinos? Algo que, ciertamente, el pueblo no quiere. Hace poco, la Comisión Episcopal Argentina, en ocasión del secuestro del doctor Sallustro, ha reflexionado sobre la realidad argentina, y la necesidad de "una justa convivencia nacional". Señaló que, "cómo pastores, nos pedimos a nosotros mismos entrar, profundamente, en las causas que están generando des encuentros y odios". Es necesario que también nosotros lo hagamos. Ante todo, los hombres que hoy tienen el poder. No será calificando de asesinos a los que responden con violencia a la violencia del régimen, como lograremos la verdaderas paz, como lo señala permanentemente Pablo VI, ésta es fruto de la Justicia.
Si el Gobierno elimina la legislación represiva, y convoca sí inmediato a las paritarias, como lo establece la Ley, entonces si los argentinos comenzarán a creer en una sincera actitud de conciliación nacional. Es necesaria la honestidad de los medios de difusión, castrados por la autocensura, que casi obsesivamente se han ocupado del secuestro del doctor Sallustro, y poca o ninguna atención han otorgado al secuestro de un obrero peronista ─Eduardo Monti─, llevado de comisaría en comisaría, sometido a salvajes torturas que le provocaron la muerte, al llegar a la cárcel de Olmos. Y que recién ahora comienzan a hablar de la situación de Norma Morello, maestra normal detenida por orden del II Cuerpo de Ejército, terriblemente torturada por haber sido fiel a su conducta de militante cristiana, y haber asumido las exigencias del Evangelio.
Nosotros, los hombres de iglesia que hemos contraído la enorme responsabilidad de ser los portavoces del mensaje de Cristo hasta las últimas consecuencias, debemos ser fieles al llamado del Señor y del magisterio: hoy más que nunca nos exigen asumir la defensa de todos los seres humanos pisoteados en su dignidad; pero, sobre todo, como lo recalca el Documento de Justicia del sínodo de Obispos, de los más pobres y oprimidos. Se trata, una vez más, de ser la voz de los que no tienen voz. La verdad os hará libres (Juan 8, 32).
viernes, 4 de noviembre de 2011
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el ser peronista revolucionario
El militante revolucionario, no participa de las prácticas que humillan al pueblo, sabe que un compatriota sistemáticamente humillado, es un hombre derrotado; la historia le demuestra, que los pueblos se liberan organizándose y movilizándose; con pasión, con fervor, con el corazón, con fanatismo, por los sueños de felicidad compartidos en un destino común. Es un insulto a su condición de militante, toda política que tenga por objeto comprar voluntades, utilizando las necesidades del pueblo. Puede vincularse de mil formas con el pueblo, pero sólo admite a su lado las voluntades, que libremente y como iguales, comparten con él, un proyecto liberador
NÉSTOR VOS JUNTO A LOS 30 MIL SON EL ALMA DE NUESTRO COMPROMISO