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San Cayetano

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jueves, 14 de abril de 2011

SANTIAGO LAURENT pensamiento militante

Volver, llorar, soñar.





Estoy por volar de regreso hacia Buenos Aires. Estoy con alguna ansiedad por volver. Nadie me espera. Antes, en otros tiempos, sabía que alguien me esperaba. Hoy no.

Subo al avión algo fastidiado, vengo de tener algunas charlas y algunas reuniones con compañeros que quieren sumarse. Algunas pocas buenas charlas, y otras malas, muy malas. Esas charlas donde uno quiere meter política, meter proyecto y todo a vuelve a la guita, a la rosca por la rosca misma, y la típica pregunta que se cuela en el medio: para mí que voy a caminar para ustedes, qué hay?

Pienso: para vos no hay nada, la puta que te remil parió! Hay un proyecto de País! Te parece poco?

Vivimos un nuevo tiempo y mi tolerancia a los mercenarios ya es casi nula. Y entonces les digo lo que pienso y la reunión se termina.

Si, ya sé. Néstor nos enseñó que hay que construir con todos, que la mayoría –incluso algunos malos- mejor adentro que del lado de enfrente haciendo daño, total conducimos nosotros. Que no seamos unos pendejos troscos, que todos los cambios de un día para el otro no se pueden. Cada transformación, a su tiempo. Si la correlación de fuerzas no es favorable, violín en bolsa, a comerse el sapo y esperar. Ahora, cuando las relaciones de fuerza estén a nuestro favor, ahí si, a fondo, sin retroceder, darle con todo, a los garcas tirarles la topadora encima, hasta romperle los huesos.

Siempre pienso esto: si el Flaco no acordaba con Duhalde no era presidente, y dónde mierda estaríamos ahora, no?



Subo al avión y es un Embraer de esos nuevos que compramos a los brasileños, en el camino de recuperar nuestra línea área de bandera. Aerolíneas Argentinas, ahora argentinas de verdad, la que están a cargo de dos grandes compañeros Mariano y Wado. Estos aviones tienen detrás de cada asiento unas pantallas de vídeo. Ahí se puede ver la TV Publica, Canal Encuentro y algunos canales más que no me acuerdo.

Estoy fastidiado, quiero llegar. Reviso los vídeos disponibles, hasta que sorpresivamente aparecen micros de homenaje a Kirchner, de Canal Encuentro.

Meto play. Imagen: Néstor en la ex Esma. Y viajo seis años atrás: recuerdo ese día muy bien, fue el día que definitivamente sellé mi lealtad eterna con Néstor. Era 24 de Marzo de 2004. No podía creer lo que estaba escuchando en boca de un presidente argentino: "En nombre del Estado argentino, pido perdón por todos estos años de silencio", "...aquellos que crearon estos campos de concentración, son unos A-SE-SI-NOS!!!" ( A su derecha está Cristina, el gesto de su cara lo dice todo, esta Juan Cabandié, reciente nieto recuperado numero 77, esta también Aníbal Ibarra, demasiado pequeño para tal momento histórico)

En aquel momento me emocione con lágrimas. Nunca imaginé, en mi puta vida, que un político argentino podría hacerme emocionar así, hasta ahí. Creo que fue la primera vez que sentí esa hermandad única de cantar el Himno en comunidad, con los dedos en V. Con los dos dedos en " V", que para mi significa la memoria de miles y miles de compañeros que dieron la vida por la construcción de esa anhelada "realidad efectiva".



Sigue el vídeo en el avión y me vuelvo a emocionar. Lloro. Pasan muchas imágenes. La plaza que despide a Néstor. El pingüino leyendo el poema "Quiere que me recuerden", donde pareciera que ya sabía lo que iba a pasarle años después. Es una imagen que te interpela, es Néstor diciéndote a los ojos: Pibe hace tu propio balance!

¿Cómo me recordás? Viste? Di todo, todo lo que podía de mí para lograr el cambio ¿Viste que no te cagué? Cumplí pibe, cumplí! Jamás deje mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada.

¿ Y vos? ¿ todos los de tu generación van a poder hacer lo mismo?

Mi anónimo compañero de butaca, que hasta ese momento dormía, se despierta y me mira con cara de sorprendido. Estoy llorando. No aguanta la situación, prende la pantalla de su asiento. Le da play y arranca algún otro vídeo de Néstor. En ese instante de complicidad sin haber cruzada una palabra, dije: es compañero!

Y si no lo es, lo fue en ese instante, y está en pleno proceso interno de pasarse de bando y venirse para este lado. Como tantos otros, en estos últimos tiempos. En la pantalla, siguen las imágenes. Me olvido de esas tristes charlas de la política mal entendida de ese día. Hasta que la reproducción del video se corta, para anunciar que estamos pronto a aterrizar.

Miro por la ventana, la imagen del Gran Buenos Aires, del Conurbano, se extiende por el horizonte. Esta atardeciendo, cae el sol. Es viernes y miles de autos huyen de la ciudad como hormigas por las avenidas y autopistas. Estamos entrando por el norte, creo que estamos por Tigre. A la izquierda se abre por sobre la hiperpoblación de casas y edificios, una enorme mancha verde. Una gran mancha verde con lagos, techo de casas, piletas, caminos zigzagueantes y canchas de fútbol. Es algún barrio cerrado.

Detrás de la gran mancha verde, se ve un desordenado y apiñado conjunto de casillas. Se ven también algunos basurales, es algún barrio humilde y castigado del conurbano.

Es una imagen que lo dice todo, los dos mundos, las dos argentinas que conviven.

Esos alambrados, que dividen y marcan las diferencias sociales y de clases. No es Pilar, mi pueblo, pero podría serlo perfectamente. Es la imagen que me obsesiona hace ya varios años.

Pilar. Me vuelvo a maquinar. Me vuelvo a maquinar con el proyecto, con todo lo que tenemos que hacer aún. Con como estarán los compañeros allá? Como les habrá ido estos días? Pienso. Pilar! De donde mierda vendrá ese apego al pedazo de tierra donde uno creció? Porque mierda será eso de sentir tan nuestro un lugar en el mundo?

Esos dos mundos sociales, que conviven en Pilar, me obsesionan. Lo pensé muchas veces, son parte de mi historia. Ahí me crié, casi casi, una pata con los de adentro del alambrado y otra pata con los de afuera. Tengo amigos, y personas a las que les tengo mucho afecto, de uno y otro lado. Tuve la suerte de que mi viejo me dio todo, llegó de Francia hace cincuenta años, en bolas, sin nada, huyendo del hambre de la posguerra. Se fue a vivir ahí. De Angers a Pilar, cruzó el mundo, para venir a parar acá. Se rompió el lomo para darnos todo, una vida sencilla, me dio de morfar y me educó. Pero me enseño ese valor universal de que todos somos iguales. Ese respeto inviolable por cada persona que camina en este mundo. Y esas cosas que nos decía a mi y mi hermano Lucas; pelotudos ustedes no saben lo que es cagarse de hambre?

Me mandó a colegios privados. Pero siempre me gusto la vida de pueblo, la de los de afuera del alambrado, como a mi viejo. Y me crié cruzado por la contradicción entre esos dos mundos.

Mi viejo, que no piensa lo mismo que yo pienso de Néstor, debe creer que nada tienen en común. Yo si lo creo. Esa misma obstinación de que los principios no se cambian, no se negocian, la tenacidad de sostener las banderas arriba, pase lo que pase, que no hay nunca lugar para defeccionar, ni quebrar las convicciones.

Dos fuertes tesimonios: mi viejo que me crió y a quien le debo todo. Néstor, nuestro otro viejo, el padre político, al que le debemos todo este presente lleno de esperanza, al que debemos a honrar siempre, honrar desde nuestra práctica y nuestro comportamiento. Como Argentina y como Pilar. Ese maldito pedazo de tierra, en el que debemos construir otra realidad, sabiendo de las diferencias, otra realidad, de muchísima mas justicia, de una integración real y pacífica.

Tengo un sueño, que no lo cuento mucho por miedo a parecer demasiado ingenuo o pelotudo. Ese sueño es que algún día esos alambrados no sean necesarios, que todos podemos tener esa vida digna que nos merecemos. Que algún día muchos resignemos un poco de lo que nos sobra, para que los que no tienen nada, tengan algo.

Sin miedos entre unos y otros. Es el cagazo, el miedo al otro, y la injusticia lo que genera la violencia.

Se que trabajando por ese sueño de igualdad, estaré honrando al francés, mi viejo, y a Néstor.

En eso creo. También creo en algunas cosas más. Creo en mis hijos, en el amor, en la amistad, en la lealtad y creo en el futuro. Creo en hacer realidad los sueños. Y tengo la certeza que estamos en ese camino.

Ya termina el atardecer, llegamos a Buenos Aires, todo continúa. Continúa esa tarea de llenarse las manos de barro y bosta todos los días por esos sueños.

Por suerte ahora somos muchos, somos los pibes de vuelta. Somos muchos de verdad y eso es lo que importa. Lo demás no importa nada.

Santiago Laurent

@stgolaurent

1 comentario:

Mariela Maria dijo...

Solo el acceso a la educación, al conocimiento nos hará un pueblo libre de alambrados.
Yo vivo dentro de uno de esos alambrados, pero ese alambrado no cerco mi corazón, mi conciencia social, ni la memoria de mi hermano desaparecido.
A todos aquellos que creen que vivir detrás de un alambrado y porque el ingreso está restringido pueden mantenerse impunes, en mi barrio no es tan así, ya que regularmente solicito a la AFIP y Ministerio de Trabajo la nomina del personal que ingresa para que no exista ningún trabajador/a en negro al menos dentro de este alambrado, Para que los que menos tienen no tengan que resignarse con las sobras de los que más tienen.
Saben que soy yo quien los denuncia y nos han hecho un Apartheid, nos tratan de zurdos, montoneros, kirchneristas a manera de insulto.
como si detrás del alambrado la Constitución Nacional no pudiese aplicarse.
Néstor nos enseñó que hay que construir con todos, y transformación también tiene que ver con la transformación que internamente podamos hacer cada uno de nosotros, al principio cuando recién nos mudamos a este barrio privado comencé a sufrir de ataques de pánico, me subía al auto a cualquier hora de la noche y me iba a deambular por la calle paraba en alguna estación de servicio me compraba algo dulce para endulzar la angustia del tener que volver al encierro. Mis preconceptos y mis miedos a aquel encierro desconocido me conectaban con la desaparición de mi hermano Adolfo, todo encierro controlado por cámaras de seguridad y personal que portase armas eran lugares donde se puede perder la identidad. Gracias a Néstor, y a Cristina, se está haciendo justicia. por todos los inocentes muertos en manos de la dictadura militar.
Hoy mi sueño, el de transformar el miedo, en generar espacios creativos desde la militancia, es el de muchos Argentinos y ya es realidad.
Mariela Maria Garcilazo.

el ser peronista revolucionario

El militante revolucionario, no participa de las prácticas que humillan al pueblo, sabe que un compatriota sistemáticamente humillado, es un hombre derrotado; la historia le demuestra, que los pueblos se liberan organizándose y movilizándose; con pasión, con fervor, con el corazón, con fanatismo, por los sueños de felicidad compartidos en un destino común. Es un insulto a su condición de militante, toda política que tenga por objeto comprar voluntades, utilizando las necesidades del pueblo. Puede vincularse de mil formas con el pueblo, pero sólo admite a su lado las voluntades, que libremente y como iguales, comparten con él, un proyecto liberador

NÉSTOR VOS JUNTO A LOS 30 MIL SON EL ALMA DE NUESTRO COMPROMISO