MODELOS KEYNESIANO Y MARXISTA- Glasy Pereira-
de Glasy Pereira, el miércoles, 26 de enero de 2011 a las 10:33
Al término de la Segunda Guerra Mundial el mundo se dividió en un sistema capitalista keynesiano y un sistema socialista marxista. Ambos sistemas, pese a las diferencias ideológicas expresadas en sus modelos institucionales y administrativos, comparten el patrón de desarrollo tecnológico, pero con ventajas de know how para el capitalismo.
Es decir que el mundo se dividió en dos sistemas diferentes de organización social y gestión política de un mismo ciclo tecnológico de larga duración.
Vale la pena caracterizar teóricamente ciertos rasgos básicos de los modelos keynesiano y marxista, precisamente porque ellos definen a los paradigmas caídos de los que ha sacado leña el modelo neoliberal.
Estos rasgos básicos se refieren a la administración de la oferta global y de la demanda efectiva, a las políticas de empleo, a la interacción económica del sistema nacional con el resto del mundo, al régimen de propiedad y al sistema impositivo.
Cualquier propuesta alternativa al modelo neoliberal deberá basarse en el pleno conocimiento de qué es lo que ya no se puede hacer y por qué. Dicho de otro modo, es preciso tomar conciencia exactamente de lo que se hizo en los paradigmas socio-político-económicos viables en el ciclo de posguerra, analizar las limitaciones de dichos paradigmas para su propio contexto histórico, y además comprender los cambios cualitativos implicados por el fin del ciclo automotriz y el inicio de unciclo telemático. Posteriormente se podrá diseñar, sobre bases más o menos firmes, políticas económicamente factibles y ecológicamente sustentables en función del sistema de valores humanistas universales, sintetizado en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, y de los sistemas de valores específicos de las diversas culturas que han de cohabitar en el mundo globalizado.
Las políticas de desarrollo socioeconómico marxista se basaron en lo siguiente:
- Administración de la oferta global por vía de la planificación central en un contexto de economía casi absolutamente cerrada. Los objetivos del plan son metas estratégicas fijadas por el Estado.
- Propiedad estatal de todos los medios de producción.
- Pleno empleo permanente de toda la población activa, recurriendo al exceso de mano de obra en ciertos trabajos (especialmente servicios) para lograr el objetivo.
- Inexistencia de la demanda como elemento dinámico del crecimiento. La demanda de inversión es enteramente estatal y queda subordinada a los objetivos de la oferta. La demanda de consumo privado resulta subordinada a los objetivos estratégicos del plan. La demanda externa no juega un rol dinámico en la economía cerrada.
- Determinación política de todos los precios de la economía, cuya vigencia se administra a través del racionamiento del consumo. Este procedimiento oculta la inflación y anula el ciclo de los negocios por vía del desabastecimiento.
- Inexistencia de sistema impositivo. Absoluta soberanía estatal sobre el sistema financiero.
Políticas de desarrollo Keynesianas basadas en:
- Administración de la demanda efectiva por vía del gasto público social y en infraestructuras, en un contexto de economía cerrada en alto grado.
- Una “tasa natural” de desempleo baja, cercana al desempleo fraccional.
- Determinación o regulación política de algunos precios críticos; en rigor, de las variables distributivas (salario, tasa de interés, tipo de cambio), que no son exactamente precios de bienes y servicios producidos.
- Dejar a la oferta la libertad de iniciativa en el mercado sosteniéndole la demanda efectiva.
- Propiedad privada de los medios de producción (con sistemas mixtos en algunos países). En general, la propiedad de las empresas productoras de servicios públicos es estatal.
- Sistema impositivo progresivo con el fin de amortiguar el ciclo económico corto y medio, y administrar una redistribución gradual de la renta. El déficit público favorece la financiación de la redistribución para suavizar el conflicto social. La autoridad monetaria pública ejerce la soberanía monetaria y regula el sistema financiero privado.
Tanto en el modelo marxista como en el keynesiano se presupone la existencia del poder soberano del Estado-Nación en economías cerradas totalmente o en muy alto grado, como condición de posibilidad de las políticas de intervención pública en la economía. Ninguno de los dos modelos incluyó en su concepción la existencia de los ciclos de larga duración. Ambos compartieron la suposición de la factibilidad de su propio crecimiento exponencial sostenido y sostenible, a la vez que se la negaban al otro.
Se han producido cambios sustanciales en la realidad que sirvió de base a los modelos keynesiano y marxista.
En la actualidad, la globalización de la economía ha generado un impulso integrador de grandes bloques regionales, ha reducido la soberanía de los Estados-Nación y derrumbado los muros de las economías cerradas.
En condiciones de normalidad internacional, es decir, en un contexto de paz mundial, la economía cerrada ha dejado de ser viable no solo para los Estados-Nación sino también para los nuevos bloquesregionales como la Unión Europea (bajo el imperio de una economía de guerra, naturalmente las cosas pueden ser distintas). Sólo los EEUU, como potencia emisora de la agónica pero aún subsistente divisa clave, ha retenido cierto poder de soberanía monetaria y, por lo tanto, ha podido recurrir recientemente a mecanismos keynesianos para reactivar su economía.
Ambos modelos económicos fueron capaces de producir un enorme progreso social. Pero, por otra parte, también generaron brutales desequilibrios ecológicos derivados del propio patrón tecnológico compartido. Además cada uno de ellos produjo, a partir de sus respectivos modos políticos de intervención estatal en la economía, formas particulares específicas de deformaciones del rol atribuido teóricamente al Estado.
Las críticas a estos modelos (que realizan Buchanan, Niskanen, Musgrave y Friedman) son muy diferentes.
Se ha hecho énfasis en las fallas del Estado, que se originan, según sus mentores teóricos, en que éste no maximiza el bienestar social sino que sus funcionarios maximizan su utilidad individual igual que los demás miembros de la sociedad; en la teoría económica de la burocracia, que sostiene que los burócratas maximizan el presupuesto de sus reparticiones; en la llamada Ley de Wagner, según la cual el gasto público tiende a crecer ilimitadamente por la creciente participación del Estado en la economía derivada de las presiones políticas; en la inconsistencia sobre la relación entre inflación y desempleo supuesta por la llamada Curva de Philips ( en el caso específico del modelo keynesiano), que sostiene que a largo plazo lapolítica monetaria expansiva sólo generará inflación sin poder reducir el desempleo.
¿Por qué repito esta opinión comparativa de los dos modelos económicos?. Porque circulan notas que afirman de Cristina Fernández de Kirchner: “El Gobierno actual continuará aplicando el modelo Keynesiano”.
La política debe encararse de otra manera, no con engaños y mentiras. Aportemos ideas. Un fuerte abrazo, compañeros.

