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viernes, 18 de febrero de 2011

SÍNTESIS HISTÓRICA- Glasy Pereira-

de Glasy Pereira, el Martes, 15 de febrero de 2011 a las 9:45



¿La historia se repite o es que hoy vemos crudamente cuál fue y cuál es la verdadera historia nacional?. ¿Qué fue lo que nos impidió ser una República soberana?. ¿Quién o quiénes hoy intentan retroceder a épocas pasadas?. ¿Qué alternativa tenemos para revertir esta situación?
Hoy haré una síntesis de una nota escrita por un compañero que, desgraciadamente, partió el año pasado. Les sugiero la lean porque es muy clarificadora, especialmente nuestros jóvenes.
Pasado y presente se conjugan...TODO TIENE QUE VER CON TODO.
“...Los movimientos emancipadores que enfrentaron al dominio colonial español y portugués carecieron -más allá del proyecto patriótico de Moreno, Castelli, Monteagudo y Artigas en la zona rioplatense- del sustento social y político capaz de alcanzar la transformación del coloniaje en repúblicas genuinamente independientes.
La traición de las burguesías comerciales portuarias, indisolublemente ligadas a los intereses imperiales, motivó la existencia de países formalmente liberados pero sometidos en la realidad a las estrategias de las grandes potencias y sus representantes nativos.
Apelando al estímulo de las particularidades regionales, étnicas y aun religiosas, los dominadores europeos devinieron de gobernantes virreinales en propietarios de las tierras, las finanzas y toda la gama de las riquezas naturales. A su vez los débiles gobiernos, surgidos de pronunciamientos antimonárquicos- como era el caso del de nuestras Provincias Unidas del Sur- sufrían el bloqueo conjunto de los antiguos y nuevos imperios, coaligados con los cipayos locales, cuyos objetivos se dirigían a cambiar algo para que todo quedara en igual situación de sometimiento a las directivas de las grandes potencias.
El ejemplo más cabal de la lucha entre los patriotas y las burguesías comerciales portuarias, se manifestó en el enfrentamiento de José de San Martín y la camarilla rivadaviana enquistada en el gobierno de Buenos Aires.
Hacia el año 1819, con posterioridad a los triunfos de Chacabuco y Maipú, los gobernantes unitarios exigieron al Libertador su regreso a territorio argentino para combatir a las montoneras federales de Estanislao López y José Artigas, hecho que hubiera significado el fin de la campaña emancipadora en Chile y Perú. Por el contrario, San Martín consideraba que era indispensable extender a nivel continental la guerra independentista y consumar, junto a Bolívar y Artigas, el proyecto unificador latinoamericano.
Compenetrados de la concepción sanmartiniana sus oficiales rechazan la renuncia al mando que él había planteado ante el ultimátum de la administración portuaria, afirmando en el Acta de Rancagua:
“Queda sentado como base y principio, que la autoridad que recibió el General de los Andes, PARA HACER LA GUERRA A LOS ESPAÑOLES NO HA CADUCADO NI PUEDE CADUCAR, PUES SU ORIGEN QUE ES LA SALUD DEL PUEBLO, ES INMUDABLE”.
Quedaron así resumidas las dos posiciones que han confrontado a lo largo de nuestra historia como Nación:
Los servidores de estrategias antinacionales y aquellos comprometidos con la liberación en las peores circunstancias.
San Martín, en carta a Bernardo O’Higgins,  puntualiza: “ Por otra parte, los autores del movimiento del 1º de diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a Usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho no solo a este país, sino al resto de América con su infernal conducta”.
No se harían esperar las reacciones de las provincias, asoladas de allí en más por las políticas del exclusivismo portuario, diseñadas a través del intercambio desigual con Gran Bretaña y Francia, así como el por el usufructo de las rentas aduaneras por parte de Buenos Aires. Esa succión invariable produjo la ruina de las artesanías provinciales, abriendo el camino a una despoblación que el cáncer latifundista profundizó hasta límites inimaginables.
Los sucesores políticos de Rivadavia-Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento- coincidieron en reprimir las resistencias montoneras mediante “la guerra de policía”, o sea con las metodologías del genocidio que por esos años tendría su máxima expresión en la Triple Alianza contra el indómito Paraguay de Francisco Solano López.
El general Felipe Varela señalaría para los tiempos en su proclama de 1866 la esencia del conflicto en curso: “Compatriotas, desde que aquel (Mitre) usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de los recursos de la aduana, las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esa es la política del gobierno de Mitre (...). Tal es el odio que aquellos fraticidas tienen a los provincianos que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre”. 
... El divorcio entre la metrópoli portuaria y las provincias adquiere niveles similares a la relación entre las grandes potencias y los países sometidos a su expoliación. Los gobiernos serán de allí en más la prolongación institucional del latifundismo productor de materias primas para Europa, a la vez que feroces represores de cualquier proyecto industrializador.
El grito nacido del subsuelo de la Patria saqueada y de los pueblos reducidos a la indigencia se expresó en el Martín Fierro rebelado contra la infatuación de los doctores del puerto. El personaje de José Hernández sintetizó en sus versos los reclamos de los llamados “VAGOS Y MAL ENTRETENIDOS”, o sea los aborígenes y criollos arrojados a la miseria del fortín o el confinamiento en las  indignas reducciones indígenas.
Durante el siglo XX las seculares montoneras revivieron en las patriadas de la chusma yrigoyenista, anarquista o comunista y en los “cabecitas negras” peronistas.
La Argentina neocolonial, cuyas instituciones formales no representaban ni mínimamente las exigencias populares de auténtica democracia y justicia social, sometió a los nuevos “vagos y mal entretenidos” a legislaciones siempre dirigidas a privar a las grandes mayorías de los derechos establecidos en la Constitución liberal de 1853. Las masacres de la Semana Trágica en 1919 y la Patagonia Rebelde en 1921, confirmaron la decisión de los sectores dominantes ante cualquier cuestionamiento a una “democracia representativa” tan formal como ficticia. No logró el radicalismo yrigoyenista torcer el rumbo trazado por aquel “régimen falaz y descreído” de raigambre política británica y manifestaciones culturales afrancesadas, puesto que las revoluciones de 1891, 1893 y 1905 se agotaron con la concesión del sufragio libre en el marco del orden neocolonial. Intactos los fundamentos económicos y culturales del sistema liberal imperante, los gobiernos vigentes entre 1916 y 1930 culminarían atrapados por la invariable pinza oligárquico-imperial.
La Década Infame mostró la esencia de la seudo democracia representativa, despedazada por el uso del fraude electoral sistemático y el desconocimiento de los mínimos derechos constitucionales. Por eso fue que el Movimiento Peronista nacido el 17 de octubre de 1945,  vino a cuestionar no solo las formas sino el contenido fundamental del conjunto de instituciones estructuradas para impedir el protagonismo popular.
Las realizaciones concretadas entre 1946 y 1955 demostraron, junto con su orientación transformadora, los límites del nacionalismo popular revolucionario, si es que no deviene en la erradicación del sistema neocolonial. De las contradicciones sociales, políticas y culturales irresueltas, habría de nacer la insurgencia Montonera que a partir de 1970 sostiene que la Liberación no puede concretarse y menos aún consolidarse en el contexto de esta dependencia de la alianza oligárquico-imperial”. ( C. O. Suárez. Buenos Aires-24/10/08)
“Los ciudadanos de a pie de los siglos XX y XXI- más allá de siglas y estructuras organizativas- han retomado las banderas que durante muchas décadas enarbolaron las montoneras federales y los descamisados del peronismo. En momentos que tambalea el sistema capitalista mundial, jaqueado por el estallido de sus delirios expansionistas y expoliadores, los “vagos y mal entretenidos” de Argentina, Latinoamérica y el mundo vuelven a ponerse de pie y manifiestan que aquel burdo dilema sarmientino de “civilización o barbarie” va a resolverse con el triunfo de “los bárbaros” representativos de la humanidad sumergida.
Las supuestas empresas civilizadoras, fundadas en el saqueo y el genocidio, concluyen en medio de una crisis sin precedentes, pero esto no garantiza su reemplazo por la Nueva Sociedad y el Nuevo Hombre. Para que ello se torne en realidad será necesario que “los condenados de la tierra” conviertan su rebeldía en cursos de acción revolucionaria, devolviendo a los miles de millones de deshumanizados por los imperios y las oligarquías la condición humana de ser los artífices de su propio destino”.
Ahora bien, compañeros ¿de qué REVOLUCIÓN HABLAMOS?
La REVOLUCIÓN necesaria en Argentina- tal cual la realidad exige como alternativa- es un modelo completo que sustituya al modelo neoliberal, con sus instituciones demoliberales partidocráticas corruptas incluidas. Y esto exige la participación y compromiso de todos.
UNA REVOLUCIÓN ES UN CAMBIO DE SISTEMA.
El paradigma sociológico que tenemos en nuestras mentes nos lleva a pensar que sólo hay unos pocos sistemas posibles: comunista primitivo, esclavista, feudal, capitalista y socialista; por eso la idea de una revolución en el mundo moderno se asocia automáticamente con la del paso del capitalismo al socialismo. Este paradigma basa la noción de sistema en un único criterio: la propiedad de los medios de producción.
Hay que sustituir el concepto de sistema como sinónimo de “modo de producción” por lo que podemos llamar “el modo de apropiación y uso de los excedentes”.
El sistema que impera en Argentina -y es de muy vieja data- tiene un carácter neocolonial semiindustrializado de sociedad dual con excluyentes y excluidos, donde los excluyentes se constituyen con la concentración oligárquica de la riqueza en base a una visión esencialmente rentística y no productiva; esa oligarquía contrata una “aristocracia asalariada” (los trabajadores “incluidos en el sistema”), y una clase política monopolizadora del poder institucional con privilegios económicos rentísticos, todo ello bajo las formalidades jurídicas engañosas del Estado-Nación soberano y de la democracia liberal.
Es importante darse cuenta de que entre los incluidos en el sistema hay personas que no poseen medios de producción, en tanto que entre los excluidos no sólo hay sectores que no tienen nada sino que también hay propietarios de medios de producción cuyas industrias fueron eliminadas del sistema.
Hay que sustituir este sistema de apropiación, distribución y uso de los excedentes por otro sistema que posea una dinámica de desarrollo integralmente sustentable, que satisfaga las condiciones de justicia social, eficiencia económica, pluralismo político y sostenibilidad ecológica, en el contexto de una globalización cooperativa, justa y solidaria que respete la diversidad cultural de los pueblos.
Esa es la propuesta del Proyecto Nacional, Popular y Democrático impulsado por el peronismo que representa CFK, nuestra actual Presidenta, y que comenzó en el año 2003. No es fácil revertir o modificar toda una estructura instalada durante centurias donde los beneficiados eran unos pocos en poco tiempo.
Por último compañeros: hablar de REVOLUCIÓN no significa la “revolución socialista”. No quiere decir tampoco que se deba ni se pueda hacer una “organización político-militar”, ni tampoco significa nada parecido a “la lucha armada”. Significa, repito, un cambio de SISTEMA.
Necesitamos una segunda República basada en la democracia participativa porque ya se terminó el ciclo histórico de la democracia “representativa”.
O el pueblo, único soberano de la república, asume su responsabilidad participativa en la toma de decisiones, o no puede haber democracia real.

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el ser peronista revolucionario

El militante revolucionario, no participa de las prácticas que humillan al pueblo, sabe que un compatriota sistemáticamente humillado, es un hombre derrotado; la historia le demuestra, que los pueblos se liberan organizándose y movilizándose; con pasión, con fervor, con el corazón, con fanatismo, por los sueños de felicidad compartidos en un destino común. Es un insulto a su condición de militante, toda política que tenga por objeto comprar voluntades, utilizando las necesidades del pueblo. Puede vincularse de mil formas con el pueblo, pero sólo admite a su lado las voluntades, que libremente y como iguales, comparten con él, un proyecto liberador

NÉSTOR VOS JUNTO A LOS 30 MIL SON EL ALMA DE NUESTRO COMPROMISO